Luz de febrero. Elizabeth Strout


LUZ_DE_FEBRERO_WEB_300
Título original: Olive, again
Traducción: Juanjo Estrella
Editorial: Duomo Editorial
Colección: Nefelibata
Fecha: 2021
páginas: 368
ISBN: 97884417761417

En contra de la opinión generalizada de que el individuo no cambia con el paso del tiempo hay quien se limita a exponer con claridad meridiana que si bien un cambio drástico no se da si que habrá que reconocer que la cercanía del final consigue que algunas excentricidades se modulen y que se den ciertas concesiones que faciliten la conexión con los otros. A Elizabeth Strout se le ocurre que lo mejor para hablar del paso del tiempo es retomar la vida de la auténtica, veraz y cruda Olive Kitteridge y ver que sigue tan borrascosa como honesta, con su coraza puesta pero que no puede ocultar un corazón noble y solidario, para comprobar si han aparecido matices en su habitual proceder.
Luz de febrero (¡vaya traducción para un título tan sencillo y simple!) acoge un compendio de breves relatos que describen diversas situaciones más o menos paradójicas de la  rocosa profesora de matemáticas Olive con sus vecinos de la pequeña población de Crosby. Una configuración que le confiere la misma ligazón que en su novela anterior pero, quizás, en esta ocasión se crea una atmósfera más centrada en la reflexión. Ahora ya jubilada, viuda y ausente su único hijo la soledad le confiere el tiempo para el análisis y le abre las puertas a las dudas existenciales: “No tengo la menor idea de quién he sido. Sinceramente, no entiendo nada”.

Conserva sus señas de identidad como el sentido común para enfrentarse a las dificultades, el interés por las cosas pequeñas de la vida y su preocupación natural por las minucias de las relaciones humanas. Pero las circunstancias hacen su labor de zapa para reblandecer tercas resistencias pues, por ejemplo, sucumbe a las amenazas de la siempre triste, dura y deprimente soledad y pese a su añorado Henry acepta con inesperada ilusión la propuesta de matrimonio de Jack.
Por encima de la habitual serie de encontronazos vecinales a veces inesperados pero también buscados, en una demostración clara de que no le frena inmiscuirse allí donde ella cree que debe aportar su experiencia, surge siempre una mujer fuerte y noble aunque a veces resulte entrometida y provocadora pero siempre dispuesta a ayudar.
Una mujer que ya enfila la recta final en la que indefectiblemente hace acto de presencia el miedo. Un miedo que había permanecido oculto pero que ahora le ofrece el ánimo necesario para romper aquellas barreras sociales que su carácter le había impuesto y le permite encontrar la afinidad que se requiere para establecer la conexión con los otros tan imprescindible para vivir los días. Y así vemos con verdadera sorpresa el insólito acercamiento a su vecina, ya en la residencia de ancianos, rompiendo un encierro impuesto por su prepotencia para encontrar una amplitud de espíritu que le proporciona las fuerzas con las que esperar el final.
Olive afronta la vida de cara, con todas sus contradicciones que abarcan desde la acritud hasta la generosidad, pero hay que reconocer que con su rudeza, su cariño, sus desplantes, sus desilusiones, su solidaridad concede una gran profundidad emocional a la vida cotidiana, aportando la visibilidad que se merece a una vidas rutinarias siempre invisibles en un mundo tan teatral. Y permite ver la multitud de posibilidades existentes en el momento en que se toman las decisiones o dicho de otra forma indicando la riqueza de vertientes afectivas que hay en la cotidianidad de cualquier presente.
La grandeza de este binomio Strout- Olive consiste en convertir las múltiples historias banales que componen la vida cotidiana en el verdadero protagonista de la existencia y además en esta ocasión se focalizan en los aspectos tan delicados como son la enfermedad, la vejez y la tenebrosa puerta de salida.
El paso del tiempo no ha afectado en absoluto al estilo sobrio, simple y dulce con el que es capaz de mostrar la cara más íntima de sus personajes dándole a la obra una agradable continuidad a la vez que le proporciona interés a través de un conjunto de historias o chismes familiares generando una atmósfera emocional que colma la aspiración del lector.
Desde su privilegiada posición desde la que ejerce un gobierno permanente aporta una disección psicológica a cada uno de sus relatos para penetrar con habilidad en la personalidad tan dispar de sus personajes sacándolos de la ficción creada para ponerlos a flor de piel.
En resumen que en su diáfana sencillez, de temas, de personajes, de situaciones, de relaciones, de ironía, de crítica, de humanidad cada día me gusta más aunque no se muy bien quién si Strout u Olive.
No perdérsela.

 

Elizabeth Strout nació el seis de enero de 1956 en Portland, Maine, Estados Unidos. Se licenció en Derecho y Gerontología en la Universidad de Syracusa. Es profesora de literatura creativa. Se inició en la escritura en la rama de cuentos. Premio Pulitzer 2009.

Otras obras
Amy e Isabelle
Los hermanos Burguess
Me llamo Lucy Barton
Olive Kitteridge
Todo es posible

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