Eugenia Grandet. Honoré de Balzac


Título original: Eugénie Grandet
Traducción: Mario Armiño
Prólogo: Mario Vargas Llosa
Editorial: Siruela
Colección: Tiempo de Clásicos 1
Fecha: 2010
páginas: 232
ISBN: 9788498413762


No cabe duda de que el mundo gira imperturbable e incansable en torno al dios universal en que se ha convertido el dinero. Un dios que se justifica como imprescindible para cubrir las necesidades perentorias  que nos demanda la actividad humana, pero entre las que ya se incluyen sin desdoro alguno cualquier vicio moderno. Balzac, dentro de su ingente obra que fue La Comedia Humana», eligió el dinero, la avaricia, la codicia, el amor desmedido a este dios perenne como hilo conductor de una magnífica obra en la que entran en consideración aspectos de la sociedad del momento capaces de sonrojarnos entonces y ahora, pero también de contarnos la historia lamentable de una muchacha dulce e ingenua que vivió sin vivir bajo una protección familiar regida al más mínimo detalle por los códigos crematísticos de un padre drogado por el oro y las riquezas. Una muchacha que con su docilidad parece exponer que son las mejores cualidades del ser humano las que precisamente le llevan a sus desdichas, dificultades y errores.

 El señor Grandet supo generar una importante fortuna combinando con eficacia herencias familiares, la dote matrimonial y, no hay que negarle, una indudable perspicacia para los negocios. No obstante no encontraba la satisfacción tanto en ver cómo se incrementaba su patrimonio, que también, sino muy especialmente en la contemplación de esa riqueza. Un hombre de una calidad humana despreciable hasta el punto de mantener engañada a su familia, a la que hace creer que sus recursos son escasos y que hay que hacer sacrificios, como no encender la chimenea y joderse de frío o comer de restos, para ahorrar y poder sobrevivir.
Sin embargo la  sociedad de Saumur, población pequeña en la campiña francesa, será provinciana pero no se cae de un guindo, no se deja engañar y sabe a la perfección que
la joven Eugenia Grandet es un sabroso bocado que aportaría una importante riqueza a un futuro matrimonio.
Mientras que la condición más
evidente de Grandet no era otra que vivir asediado por la codicia, la irresistible atracción por el dinero y lo más trágico el miedo no ya a perderlo sino a gastarlo, su hija Eugenia vive aislada del mundo víctima no sólo de la intransigencia de su padre sino también arrastrada por una ingenuidad aplastante y una sumisión a las reglas paternas rayana en la incomprensión. Este contraste de caracteres lo escenifica Balzac con exquisita coreografía y una plasticidad perfecta.
Así, en la primera mitad de la novela realiza una presentación de personajes, de la problemática familiar, de una sociedad provinciana y de una descripción del entorno físico realmente perfecta. El lector, sin darse cuenta, se encuentra sumergido en la historia como un personaje más o  como un observador dentro de la propia escena en la que la realidad desborda cualquier opinión e incluso cierra la puerta a la imaginación. Solo queda la  opción a una lectura pausada para sentir el propio goce de Grandet ante su fortuna tanto como el padecimiento que causa la ingenuidad de Eugenia ante su compromiso con su primo Charles y concluir con la pena que se padece por una Eugenia que ha echado a perder su vida víctima de la falsedad y el engaño.
No tuvo
Balzac que abusar en exceso, por no decir nada, de su boyante creatividad para escribir una triste y dura historia pues en el fondo no hace más que transcribir la cruda realidad. Supo describir el entorno social del país con una facilidad manifiesta hasta el punto de que basta la lectura de unos párrafos para que el lector se encuentro inmerso en el pueblecito de Saumar, en la campiña francesa y  perfectamente integrado en su cotidianidad. No se anda con rodeos ni dedica un instante a consideraciones filosóficas, a describir sentimientos y dudas existenciales, lo que hace es hablar del ser humano y la sociedad que le rodea con los condicionantes y convenciones que impone.
Su incontenible vitalidad le lleva a escribir sin descanso no para descargar su alma enojada por una sociedad clasista y perturbada sino para hablar del mundo por el que camina y vive convirtiéndose en una explosión de vida. Aunque su opinión puede ser fácilmente deducible ante unos textos cristalinos deja los juicios como una tarea más para el lector.
Cuenta su historia con una estructura perfecta donde mandan los personajes y las situaciones. La prepara con precisión porque mientras parece anunciar lo que se avecina encandila al lector con su forma de contarlo.
Así pues, un clásico que hay que leer tantas veces como se presente la ocasión, un clásico para confirmar que los libros no han  perdido su valor original y demuestran la delicada competencia que poseen para diseccionar el alma humana.

 

Honoré de Balzac. Nació el 20 de mayo de 1799 en Tours y murió en París el 18 de agosto de 1850. Consiguió acabar los estudios de Derecho a duras penas más por imposición familiar que por deseo propio. Pronto se adentró en el mundo de la filosofía y las letras como lector inagotable lo que le sirvió para convertirse en uno de los escritores más prolíficos de la historia.

Otras obras
La Comedia Humana:

Eugenia Grandet
El primo Pons
El padre Goriot
Las ilusiones perdidas
La prima Bette

Un pensamiento en “Eugenia Grandet. Honoré de Balzac

  1. Muy bien Dn Julián, continūas a un gran nivel de crītica literaria. Tienes mucha marCha todavīa. Abrazos

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