El resto de sus vidas. Jean-Paul Didierlaurent



Título original: Le reste de leur vie
Traducción: Adolfo García Ortega
Editorial: Seix barral
Colección: Biblioteca Formentor
Fecha: 2017
páginas: 248
ISBN: 9788432233074

Resulta muy meritorio el buen hacer que muestra este autor a la hora de preparar un escenario con un encanto insospechado basado en el conocimiento de la realidad social actual y de aquellos  entresijos que pasan desapercibidos pero que forman parte del discurrir diario, para subir al mismo  a la gente corriente transformada  con gracia en personajes extraordinarios. Con unos elementos muy simples y su fecunda imaginación  elabora una historia amable, concisa que con la inestimable ayuda de una forma de escribir que destaca por su ligereza y su gracia  para  explotar las situaciones resulta muy eficaz para  elaborar una obra con la que emitir una alabanza  a la gracia de la vida,  a la magia que de  encarar con entusiasmo  el día a día. Resulta cunado menos llamativo que en esta ocasión se lo proponga afrontado  la situación de los mayores, vejez y soledad y de  sus colaboradores vida o lo que concretando se podría resumir en: el miedo a no ser querido.
Ambroise perdió el contacto con su padre, premio Nobel de medicina, porque, sin rubor alguno y ante la falta de actitud hacia esa profesión,  eligió dedicarse al oficio de embalsamador, trabajo que hace con dedicación, profesionalidad e incluso con el orgullo que proporciona el saber preparar a los fallecidos para su entrada en el otro mundo con la prestancia adecuada. Actualmente vive con su abuela Beth, vivaz, dicharachera, rezumando vida por cada poro de su cuerpo con la única pena de que su nieto no encuentra la chica adecuada pues todas salen  por piernas al conocer su profesión. Nada de todo esto le apremia, mientras,  compensa tanto desdén ocupándose del maquillaje de un grupo aficionado de teatro.
Monelle es asistente social domiciliaria aunque dado su carácter y su sensibilidad más se podría decir que es una venerable cuidadora de ancianos. Su entrega  y su cariño la convierten en el alma imprescindible de unos seres que suspiran por la hora de atención que les pertenece para mantener a tope las ganas de vivir. Así reparte sus habilidades entre la necesidad de entrar con los zapatos limpios en casa de Ghislaine, evitar la trampa del billete de cincuenta euros que le pone Marcel, proporcionar el amparo y soporte del matrimonio Fournier, satisfacer  la necesidad de compañía de Samuel o jugar al scrabbel en un reparto proporcional de cariño y suministro de alegría. Lo que, sin lugar a dudas, podrían ser las prácticas de un Master de alto nivel de cómo encarar la vida para alentar las ganas de vivir propias y especialmente la del grupo de ancianos que está a su cuidado que tan difícil lo tienen sin el apoyo externo.
Por esas cosas que tiene el destino ambos jóvenes junto con Beth se unirán en un viaje que Samuel, uno de los protegidos de Monelle, tiene que hacer a Suiza, viaje que se convertirá en un cúmulo de recetas para ver el lado positivo de la vida con sano cachondeo.
Destila amabilidad en todos los ámbitos hasta convertir la novela en un documento agradable, dulzón y lleno de esperanza, como un sueño en el que todos querríamos actuar pero del que la realidad te despierta con fuerte sobresalto. Narra con soltura, sin argucias la vida diaria aunque es cierto que muy edulcorada para evitar editar un panfleto sobre la muerte y la vejez sino que, por el contrario, empleando ese don tan estupendo que posee a capazos, un humor agradable, delicado practicado con soltura sobre las actividades  que proporciona el día a día alejándose por contra de lo  chabacano y grandilocuente. Fórmula que le impide caer en  la tentación de entrar en los aspectos lacrimógenos que el tema acarrea habitualmente y tampoco  pierde el tiempo en elaborar discursos propios de la psicología que rara vez son asumidos por los interesados y así mismo, olvida los aspectos depresivos que tales trabajos suelen provocar.
Trama que aunque no  excesivamente original  cuenta con los elementos especiales para impactar en el lector por su especial  tratamiento de unos oficios singulares de los que remarca  la ética y bondad que los engrandecen. Seguramente se ha pasado  dos telediarios a la hora de exaltar acontecimientos cotidianos en lo que quizá no sea más que una llamada de atención para indicar que por duras que sean las dificultades es mucho más beneficioso tomárselo con alegría e ímpetu.
De nuevo, al igual que hizo en El lector del tren de las 6:27, encontramos unos personajes muy bien delimitados y dotados de una profunda humanidad con unas virtudes que rápidamente despiertan las emociones a su alrededor poniendo en contraste el mundo actual en el que mandan las prisas y los egoísmos con la capacidad para hacer el bien.
Narración muy sencilla, tan dulzona como reconfortante, excesivamente bella y romántica, pero que impregnada de esa prosa graciosa con la que Didierlaurent  acomete sus obras constituye una sobredosis de píldoras exentas de contraindicaciones con las que se prepara al espíritu para disfrutar de una tarde plácida y relajada. Una demostración más de que la literatura no es una actividad ajena a este mundo sino que está ineludiblemente unida a la vida social.

Jean Paul Didierlaurent. Nacido el dos de marzo de 1962 en Vosgos, Francia. Estudió Publicidad en Nancy. Trabajó en el campo de la información telefónica. Se da a conocer en el mundo literario a través de la novela corta. Gana por dos veces, 2010 y 2012 el Premio Hemingway.

Otras obras
El lector del tren de las 6:27

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