Los años ligeros. Crónicas de los Cazalet. Elizabeth Jane Howard


Título original: The light years
Traducción: Celia Montolío
Editorial: Siruela
Colección: Nuevos tiempos
Fecha: 2017
páginas: 436
ISBN: 9788417041397

El asunto este de las grandes familias con sus virtudes y sus vicios al completo ha supuesto un buen caldo de cultivo que en manos de buenos escritores ha servido para que vieran la luz  obras memorables en el panorama literario mundial. Por eso un tema tan baqueteado precisa que se le de un barniz especial o requiere encontrar caminos alternativos en cuyo recorrido se descubran nuevas panorámicas  para que a estas alturas se pueda elaborar una novela atractiva, una novela emergente y que resalte  entre el ingente batiburrillo de publicaciones actual.
Este primer tomo de los cinco que integran la vida y milagros de los Cazalet lo consigue solo a medias y no alcanza las expectativas previstas.  Abarca los veranos de 1937 y 1938 en los que toda la familia, padres, cuatro hermanos, muchos nietos, varios conocidos con los que hay una buena relación, criados, la incansable cocinera, el chófer siempre lento y el jardinero conviven en buena armonía en Home Place, la casa señorial donde se reúnen todos los veranos huyendo del angustioso clima londinense.
En este escenario y con estos personajes  se describe minuciosamente todo lo que acontece,  los juegos infantiles de la caterva de críos que recorre la finca en franca y temeraria  libertad,   las densas preocupaciones organizativas de la abuela especialmente las relativas a la alimentación de toda la tropa, las cuitas entre hermanos tanto laborales como personales, las inquietudes de las nueras y las envidias entre ellas e incluso la encantadora tía Rachel, la hermana soltera martirizada por su espalda y con una clara tendencia sexual que permanece escondida entre las bambalinas domésticas.
Ambiente familiar de lo más clásico y litúrgico de la clase alta inglesa en dicha  época que es felizmente vivida por todos ellos formando un conjunto encantador donde las pequeñas discrepancias que surgen en el discurrir cotidiano se arreglan perfectamente sin producir ningún tipo de daños en el grupo familiar.
La acción transcurre en unos momentos de cierto nerviosismo pues aunque en  boca de los propios personajes  se comenta que las secuelas de la primera contienda todavía son evidentes lo que genera cierta esperanza de que no habrá un nuevo conflicto, este parece inevitable en una Europa cada vez más bélica. Las noticias poco halagüeñas, las advertencias y los preparativos les obligan a considerar como probable esa posibilidad y pensar en las repercusiones tanto en la familia como en el negocio familiar.
Aunque lo denomina como una crónica la autora cae en una profusión de detalles comunes en el ambiente representado ya sean de las perrerías infantiles como de los problemas y dudas de los mayores que  explicitadas hasta el más mínimo detalle convierten el texto en algo más próximo a un diario colectivo  que una crónica por lo que resultan  reiterativas y excesivas y no aportan más valor a todo el conjunto. El lector se ve indeciso entre lo cansino de la narración cuando lleva el relato al detalle extremo y la magnífica narrativa que exhibe la autora, que se desenvuelve con facilidad y gracia por los entresijos personales y las costumbres que delimitan los sentimientos familiares.
Destaca su  oficio literario presente en cada línea de un texto fuente de inagotables anécdotas con las que se consigue resaltar la esencia humana del conjunto pero escasa de tensión, faltan las pasiones que engendran el ansia de vivir y de leer.
Goza de un estilo distinguido con el que le es sencillo aportar a la historia una dulzura rayana, ocasionalmente, con el empalague. Denota una buena sensibilidad para matizar y proyectar el espíritu de familia que impera en el grupo pero peca de una palpable querencia, excesiva en mi opinión, por el detalle en cada acontecimiento que tiene a bien de presentar pero sin perder, por ello, un perfecta claridad narrativa. Domina  una clara deriva emotiva en las preocupaciones de los Cazalet, el desarrollo de los niños, sobre las dudas de las nueras; trata con ligereza poco entendible los devaneos mujeriegos del hermano mayor y se queda a medio camino en la consideración sexual de Rachel y queda patente que el hombre sigue siendo el centro del universo creando con todo ello una atmósfera atractiva ideal para una serie televisiva pero con un interés muy relativo.
Constituye pues la primera piedra de un proyecto extenso que no se puede juzgar en la que ha delineado con refinamiento inglés y con pausa elaborada el alma de una familia en un ambiente señorial muy conocido, combinando todo tipo de sensaciones y de actitudes personales necesarias para reproducir el espíritu familiar pero que considerado como el comienzo de una carrera de larga duración , la verdad, es que carece del picante necesario para acometerla. Mejor leer otra cosa.

Elizabeth Jane Howard, nació en Londres el veintiséis de marzo de 1923 y murió el dos de enero de 2014 en Bungay, Reino Unido. Fué actriz y modelo antes de dedicarse a la escritura.

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