Una suerte pequeña. Claudia Piñeiro



Editorial: Alfaguara
Fecha: 2015
Páginas: 240
ISBN: 9788420403649

Novela que navega entre la inquietud que trae consigo el misterio y la tristeza y ansiedad en que se desenvuelve el drama familiar, algo íntimo que alimenta una intriga conmovedora. La vida está condicionada por infinidad de causas entre las que reinan los sentimientos y las emociones pero resulta innegable que en muchas ocasiones la opinión que de uno se forman los demás y especialmente  los juicios temerarios que se emiten a la ligera sin bases contundentes son determinantes para explicar decisiones las más de las veces incomprensibles. Claudia Piñeiro elige estos pormenores para desarrollar un drama original con el que puede elucubrar con facilidad sobre aspectos tan personales como la maternidad, la culpa, la fatalidad, el amor, la responsabilidad y la oportunidad para reflexionar acerca de que el futuro nunca puede estar basado en el pasado.
Mary Lohan asentada en Boston desde hace bastantes años, bien posicionada laboralmente como profesora en el Garlic Institute y sola tras la muerte de su compañero Robert,  no puede rechazar la visita de inspección al Colegio Saint Peter  en su Argentina natal, de la que huyó sin dejar rastro, abandonando a su marido e hijo pequeño tras un dramático accidente; los recuerdos de juventud se le amontonan sin compasión.

No obstante ha tenido suerte en la vida, pronto encontró un hombro en el que apoyar toda su pesadumbre, su inquietud y su culpabilidad. Ha sabido rehacerse a lado de un hombre comprensivo que poco a poco le ha ido abriendo los ojos a la vida de forma que las ganas de vivir han vuelto casi sin querer, él ejerció de tabla de salvación, él la protegió de sus propios  fantasmas. Sin embargo llega a su ciudad presa del espanto, preocupada de cómo la van a recibir, ni siquiera si la reconocerán y de cómo la juzgarán. Pero también será una oportunidad para revivir sensaciones y quizás para recuperar a los seres que abandonó. Ofrece una doble faceta ya que  por un lado se presenta con la esperanza consciente, alimentada por el temor a las reacciones que puede suscitar,  de que nadie la reconozca pero, ojo, que  también en el subconsciente se ha instalado la ilusión de rescatar algo de lo que dejó tras su huida.
Un relato que nace con sencillez en un escenario simple creado con verdaderas ganas para poder enfrentarse,con la intranquilidad propia de una mente atribulada por su pasado, al conflicto, un conflicto íntimo y personal en el que ha quedado enredado el personaje. Un conflicto fruto  de una decisión dura basada en un sentimiento de culpabilidad que no encontró a nadie que abogara por racionalizarlo, calmarlo y reconducirlo. Sin embargo es capaz de manejar con delicadeza motivos de tanta aflicción, donde aparece una necesidad de olvidar que se  resuelve con el abandono a modo de salvavidas imprescindible para sobrevivir.
Una trama que vive de su personaje, conductor impecable y única razón de ser que se aprovecha del uso ejemplar de las palabras para vivificar una imagen, para hacer visible una historia.
La autora hace alarde de contención a la hora de comunicar toda la carga emocional que le impone a Mary para no caer en  un drama llorón y tampoco se deja llevar por la tentación de un misterio exasperante que obligue a descubrir nada alarmante. La escritura lleva la narración por el camino de la propia naturaleza de Mary Lohan, sus sentimientos acompañados siempre del miedo al que dirán, al rechazo por parte de la comunidad son los que mantienen vivo el relato.

La estructura de la obra cumple con los requisitos imprescindibles para que el misterio y el suspense se mantengan con facilidad sin necesidad de recurrir a descripciones barrocas ni aspectos policiales que podrían alimentar a una intriga falsa. En este caso no existe un conocimiento directo de las causas y de los porqués sino que poco a poco la propia Mary va propiciando la conexión entre el lector y su sentido de culpabilidad que la tiene atenazada mediante un preciso goteo de la información necesaria para ir asumiendo la historia. Así se ha logrado lo que podríamos calificar de un suspense emocional que centra sus bases en una pausada exploración de la intimidad. De esta forma la novela goza de un estímulo bien propuesto por la autora al crear un interés creciente a la vera de un puñado de sentimientos que prolongan la necesidad de saber y requieren saciar la necesidad de resolver.
Utiliza la figura de la primera persona para dirigir todo el relato porque según sus propias palabras: “la tercera persona me permite esconderme que es lo que he hecho hasta ahora y el dolor solo se puede contar en primera persona”  y además le proporciona verosimilitud al tener constancia directa de cómo siente el personaje principal, nadie tiene que deducir nada sino que es la propia Mary la que indica sin tapujos sus sensaciones y sufrimientos y también sus esperanzas. No necesita de grandes esfuerzos para conseguirlo pues disfruta de una prosa ágil y directa con la que la lectura no puede ser nada más que sencilla, rápida y alegre, sin complicaciones  que nos traslada al reino de la intimidad con la plasticidad inherente a todo guionista de televisión.
Y así entre sufrimientos y esperanzas  lanza la idea de que siempre hay posibilidades para recuperar una vida que se daba por amortizada, que hay que eliminar la palabra renuncia pues siempre habrá una suerte no tan pequeña para volver a sonreir. Pero también deja en el aire, sin pronunciarse expresamente, una condena al común de los mortales habituado a juzgar a los demás, a señalar sin el más mínimo análisis, incapaz de comprender el daño que se infringe a quien recibe dicho maltrato.

“Este dolor agudo. Se hará crónico. Crónico significa que perdurará aunque tal vez no sea constante. También puede significar que no morirás de ello. No te librarás pero no te matará. No lo sentirás a cada minuto pero no permanecerás mucho tiempo sin que te haga una visita. Y aprenderás algunos trucos para mitigarlo o ahuyentarlo, tratando de no destruir aquello que tanto dolor te ha costado”. Alice Munro

 

 

Claudia Piñeiro. Nació el diez de abril de 1960 en Buzarco, Argentina. Se licenció en Economía en la Universidad de Buenos Aires. Ejerció varios años como contable hasta que se dedicó de lleno a la escritura. Ha publicado cuentos, relatos y novela y ha destacado en la faceta de dramaturga.
Otras obras

El fantasma de las invasiones inglesas
Un comunista en calzoncillos
Betibú
Serafín, el escritor y la bruja
Las grietas de Jara
Las viudas de los jueves
Elena sabe
Tuya
Un ladrón entre nosotros
Cuánto vale una heladera

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