Mi nombre era Eileen. Ottessa Moshfegh



Título original: Eileen
Traducción: Damián Alou
Editorial: Alfaguara
Colección: Literaturas
Fecha: 2017
páginas: 280
ISBN: 9788420426358

Lo que más me ha sorprendido de este libro ha sido el cúmulo de elogios que ha recibido de la crítica especializada extendidos, indudablemente, a esta joven escritora americana. Excesivo. Nada más lejos de la realidad. No sorprende que con repetitiva frecuencia se exagere ante la aparición de una nueva promesa en cualquier disciplina, literatura americana en este caso. Pero tan importante es animarlas a seguir en ese prometedor camino como saber templar los ánimos para no crear más expectativas de las adecuadas. Y en este caso estamos ante una escritora que posee una prosa dotada de buen garbo y cierta belleza pero que, cuestiones técnicas aparte, evidencia que ha sabido aprovechar muy bien sus estudios en Literatura Creativa para dotar a la obra aquí presente de los condicionantes que requieren las editoriales para obtener un buen número de ventas. Que haya sido finalista del premio Booker es una forma de reconocer sus posibilidades y, por supuesto, la mejor propaganda, no necesita de alabanzas tendenciosas ni hay que echar las campanas al vuelo antes de hora. Habrá que esperar y confiar en que llegue a buen puerto.
Desde la perspectiva que dan los años vividos, Eileen, ya en la madurez,  se atreve a contar cómo fue la semana de la Navidad de 1964 cuando ella tenía 24 años que determinó su vida. Era una muchacha introvertida con una personalidad basada en una infancia poco sólida y nada aseada. Desde que murió su madre, tres años atrás, cuida de su padre, policía jubilado y alcohólico, cuidados que se limitan  a proporcionarle toda la ginebra que necesita ya que la casa acumula basura y pringue por todos los lados.
Ella misma tiene sus escarceos con el alcohol, se entretiene con pequeños hurtos en los comercios de la localidad, presenta un aspecto desaliñado pues  se viste con las ropas viejas de su madre y solo sabe hablar de ella misma, del mogollón de traumas que la acompañan. Una clara representante de esa especie cada vez más numerosa que va buscando un hombro desprevenido en el que apoyarse para largarle toda su desgracia convenientemente dopada con una buena dosis de imaginación. Aunque su sueño es escaparse de una ciudad que no le aporta nada, su vida trascurre en un soliloquio consigo misma para justificar todo su horroroso comportamiento, pues en el fondo no deja de ser una persona  prendada de su propia estupidez.
Pero aparece Rebeca, como directora de educación en el correccional en que trabaja; atractiva, interesante, segura de sí misma e inmediatamente se convierte en el ídolo de Eileen. No tardan en hacerse amigas o mejor dicho Eileen deslumbrada se deja arrastrar por la impulsiva y alocada directora con la que casi sin comerlo ni beberlo se verá inmersa en unos hechos dramáticos, un sinsentido que le dará fuerzas allí donde solo parecía haber displicencia  que la empujará a tomar las de villadiego  y así ver cumplido su principal objetivo.
Ottessa ha tratado de escribir una novela dentro del régimen denominado negra o de misterio en base a una mujer rara y compleja en su soledad, porque ha querido presentar un carácter desagradable, de alguna forma repugnante, una mujer emocionalmente perturbada, como símbolo de una sociedad alienante  donde las mujeres son juzgadas únicamente, o al menos de entrada, por su apariencia. Lo hace de forma insistente para que no queden dudas, mandan las reglas, primero la estructuración de un carácter llamativo, atractivo por su repugnancia, que fomenta el interés del lector por lo desagradable e incomprensible de tanto trauma en una sola persona hasta el punto de seducirlo con  la naturaleza camaleónica del ser humano y entonces en un final vertiginoso lo pone en el disparadero y le abre la puerta a sus sueños tanto tiempo reprimidos. Reflexionando ante un comportamiento tan extravagante se llega a comprender que fuera lo que fuese lo que en el fondo le preocupaba, siempre marcado en su rostro, podía ser la misma preocupación de siempre, el problema de ocupar un lugar en el mundo y tener un nombre por el que te conocen, ser alguien al que la gente cree conocer.
Porque tras reiterar, machacar durante las tres cuartas partes del libro sobre Eileen y sus neuras desleídas en el potente disolvente que le proporciona su propia conciencia llega un giro inesperado e inverosímil que transporta a Eileen, de forma ingenua e incongruente a una nueva vida. Está claro que en las manos de Moshfegh la estructura estándar de la novela es retorcida y reconstruida para intentar algo diferente en una demostración de que ha sido una alumna adelantada en la aplicación de la técnica creativa .
El ritmo de la narración es repetitivo, machacón, obsesivo en pintar un personaje muy particular, muy pensado para los fines de la autora pero que es rápidamente conocido y entendido, ni siquiera la aparición de un personaje de ensueño como Rebecca ( ¿un guiño a Hichcock?) aporta algo de actividad. La configuración del personaje alcanza tal  grado de obsesión que  prescinde de la acción ahorrando dinamismo a la historia y golpeando al lector una y otra vez con las manías de Eileen  para descargar todo la energía en un final que se desarrolla a una velocidad de vértigo, trepidante, intensa e inconcebible, como si no quedara espacio y hubiera que largarlo todo en las últimas hojas destinadas a la novela.

 

Ottessa Moshferg nació en mayo de 1981 en Boston, Massachusetts. Licenciada en Literatura Inglesa por la universidad de Barnard y en Escritura Creativa por la de Brown. Colaboradora habitual de las revistas The New Yorker y The Paris Review.

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