El gigante enterrado. Kazuo Ishiguro


Título original: The Buried Giant
Editorial: Anagrama
Traducción: Mauricio Bach
Colección: Colección Narrativas
páginas: 368
Fecha: 2016
ISBN: 9788433979667

Siempre es de agradecer que haya escritores que sean tan valientes como para correr los riesgos que supone el entrar en terrenos desconocidos, por ello, el nuevo libro de Ishiguro se acoge con la ilusión y la esperanza que suscitan las nuevas aportaciones de un escritor de su calidad. En esta ocasión se traslada a un género un tanto ambiguo en el que mezcla la confusión que proporciona  la fantasía representado por el mundo de los dragones, monstruos e incluso efectos mentales  sobre la población con algo asimilable  a la novela histórica situándola en los tiempos inmediatamente posteriores al romántico rey Arturo. No obstante el experimento no cuaja, se ha quedado como la gaseosa sin burbujas, esbafada, porque si de fantasía muy poca de histórica nada, el decorado y poco más.
Axl y Beatriz forman una enternecedora pareja de ancianos que en la época de la Inglaterra medieval tratan de recordar, se obligan a encontrar un pasado prácticamente olvidado. Corren unos tiempos en los que se ha producido un raro efecto sobre todos ellos: su memoria se ha quedado vacía, reina una nebulosa que se ha apropiado de los recuerdos; no obstante Axl y Beatriz se empeñan en que tienen que ir a encontrarse con su hijo y deciden abandonar la tétrica aldea donde viven y se tiran al monte  en su búsqueda. Se encontrarán con portentosos guerreros como Wistan y con el último caballero del rey Arturo, Gawain que deben de cumplir unas misiones misteriosas y descubrirán al dragón hembra Querig verdadero guardián de los recuerdos.
El narrador, aunque más parece la crónica del juglar correspondiente, emplea la fantasía como una herramienta para adentrarse en los condicionantes imperiosos que determinan las relaciones y las formas de convivencia trabajando con el equilibrio que se debe de mantener entre el deber de recordar que nos ata a un pasado y nos concede unas raíces frente a la necesidad de olvidar porque  la vida se vive hacia a delante lo que obliga a desprenderse de todo el peso que sea posible.
El deambular por esos territorios extraños va abriendo ventanas a un pasado muy neblinoso para descubrir que los britanos y sajones que estuvieron a la greña durante tiempos inmemoriables han pasado por una larga temporada  de auténtica paz ante  la imposibilidad de recordar agravios. De la misma manera que la tierna vejez que viven Axl y Beatriz, exponente admirable de un amor ejemplar y prototipo de consideración del uno hacia  el otro, está sustentada en una ausencia de pasado que pudiera oscurecer el brillo del amor en sus miradas.
Ishiguro practica sin problema alguno esa facilidad para expresar sentimientos usando un lenguaje tranquilo y elegante y aprovecha su capacidad para establecer unos diálogos elocuentes y precisos para concretar su postulado sobre la conveniencia de olvidar pero se echa a faltar de forma muy importante su habitual poética que no aparece por ninguna parte. La ambigüedad de su planteamiento se extiende en exceso manteniéndolo de forma harto artificial para lo que precisa de una fantasía que no aporta  la tensión necesaria para hacerla aceptable lo que le da al relato un ritmo cansino y repetitivo.
Narración melancólica que no despierta pasión alguna en el lector que vive siempre en torno a acontecimientos dudosos e irreales que no le proporcionan suficiente energía y llega a un final de dudosas consecuencias con los misterios implícitos que generan lo que posiblemente es el verdadero objetivo del libro la intranquilidad y la duda pero que no alcanza el objetivo inicial del lector: disfrutar de la maravillosa prosa de un autor que deslumbró en Los restos del día.
Ni fú ni fá, mejor leer otra cosa.

Kazuo Ishiguro. Nacido el 8 de noviembre de 1954 en Nagasaki. A lo seis años fue a vivir a Inglaterra por lo que es ciudadano inglés a todos los efectos. Se graduó en Literatura Creativa en las Universidades de Kent y post Anglia. Antes de dedicarse a la novela fue guionista de series de televisión. Premio Booker 1989.

Otras obras

Los inconsolables
Los restos del día
Nocturnos
Nunca me abandones
Cuando fuimos huérfanos
Un artista del mundo flotante
Pálida luz en las colinas

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