Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes. Versión de Andrés Trapiello


Don Quijote de la Mancha. Trapiello

Editorial: Destino
Fecha: 2015
Páginas: 1040
ISBN: 9788423349647

Finalizada la lectura del Quijote como homenaje a Cervantes en el cuarto centenario de su muerte queda no ya la satisfacción del objetivo cumplido sino la alegría por el descubrimiento de un maestro del cuento, tan comentado como poco leído, pues, en definitiva, el Quijote no es otra cosa que una extensa y estupenda  colección de cuentos o de aventuras, como las titula Cervantes. Aventuras que demuestran la inagotable imaginación de un autor capaz de inventar personajes allá donde nadie lo hubiera sospechado y hacerlos partícipes de historias fantásticas aunque no por ello menos deliciosas que discurren  siempre en un ambiente gracioso y humorístico. Conjunto de aventuras que sirven para realizar una parodia de los libros de caballería tan en boga en aquella época a la vez que para ejercitar una crítica de la sociedad.

La gran productividad  de Cervantes da lugar a una obra extensa pero nunca compleja pues su estructura como suma de aventuras permite dejar momentáneamente su lectura intercalando otras  sin perder el hilo sino todo lo contrario pues se retoma con ganas renovadas ante la frescura de su escritura y el interés por las nuevas aventuras que están por llegar.
Conforme se avanza con Don Quijote por los caminos en busca de agravios que deshacer se percibe con claridad que su locura ejerce de cómodo pretexto  para que  una vez convertido en Caballero Andante demuestre su predisposición a pelear siempre, sin esperar beneficio alguno, por una causa justa y ayudar a quien lo necesitare aún  poniéndose en peligro si la ocasión lo requiriese. Bien es cierto que sus equivocaciones en cuanto a la identificación de los portadores de la maldad o los necesitados de su ayuda generan escenas de la mayor comicidad para alegría de los lectores porque Cervantes utiliza la broma, el disparate y la acción jocosa para plasmar su pensamiento sobre la realidad del momento. La compañía de Sancho y su rucio, portador en la albarda de cantidades ingentes de ingenuidad y lealtad a su amo, proporciona el contrapunto adecuado  para evitar  siempre que las causas pasen a ser males mayores haciendo de auténtico escudo físico siempre dispuesto a recibir insospechadas tundas de palos y a pasar más hambre que el perro de un ciego.
El Quijote está elaborado mediante dos líneas de trabajo que  según cómo se mire se encuentran enfrentadas entre sí o simplemente son dos perspectivas complementarias de la vida. Por un lado tenemos la visión fantástica donde unos personajes inocentes, pero que no por ello dejan de ser modelos de perfección frente a un pueblo apocado y dominado por la religión, protagonizan todo tipo de sucesos donde pulula lo mágico y lo fantasioso confabulados sin restricción alguna para discernir entre el bien y el mal. Por otro se vislumbra perfectamente la realidad, las costumbres y los hechos ordinarios protagonizados por  el común de los mortales y donde la salud mental de don Quijote se verá compensada por sus periodos donde  la sensatez, los buenos consejos y la moralidad de sus actos está siempre presente.
No solo existe un conjunto de relatos que dan forma a la descomunal obra sino que maneja y alterna con destreza otros elementos que le proporcionan empaque como las descripciones del ámbito rural, las crónicas, la acción pastoril, el requiebro sentimental, la picaresca, la tradición popular, los poemas y el ingente número de refranes contribuyen con eficacia a la grandiosidad de la obra.
La ingente cantidad de personajes y las mil y una peripecias que sufren la pareja más singular de la historia de la literatura universal facilitan la creación de tantas historias interesantes y además proporcionan un ritmo excelente que le permiten acometer con sencillez los temas más dispares: amor, justicia, ética, patria, la fe, la jerarquía… y así le facilitan al lector un motivo continuo para dejarse atrapar por esta inolvidable pareja de fuerza arrolladora.
Por último no puedo acabar este comentario sin agradecer a Andrés Trapiello el esfuerzo realizado para traducir esta obra al castellano moderno dándole un aire actual sin perder ni un átomo de su ambientación original, con el que  el acceso a la misma deja de ser engorroso y por tanto proclive al fracaso.

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