El periodista deportivo. Richard Ford


El periodista deportivoTítulo original: The sportswriter
Editorial: Anagrama
Traducción: Isabel Núñez y José Aguirre
Colección: Compactos Anagrama
Fecha: 2003
páginas: 400
ISBN: 9788433967510

Concluida la lectura del estupendo “Francamente, Frank”, epílogo, al menos hasta hoy día, de la vida de Frank Bascome, personaje que le ha dado fama y un merecido reconocimiento a este escritor, aparece un gusanillo que va generando una impaciencia difícil de controlar, crece el deseo de  saber algo más, porque, aunque, como dice Frank “es imposible llegar a conocer a alguien”  y que tampoco produzca un arrebato de frenesí, este personaje que trata de ser invisible resulta tan atractivo como enigmático. Por lo que, sin sorpresa alguna  como siempre, la curiosidad vence una vez más a la reticencia por no decir vagancia que supone leer la vida y milagros de alguien en sucesivas entregas como se encargó de publicar este excelente escritor.
No decepciona su lectura entre otras cosas porque seduce la posibilidad de recorrer un camino repleto de un abigarrado y sorprendente conjunto de obstáculos. Las apreciaciones acerca de la realidad en la que sobrevive este americano, que difícilmente sabremos si se escenifica como un referente del llamado” american way of life” que tanto se popularizo en su día o es simplemente uno más entre el común de los mortales, son relevantes y en ocasiones tendenciosas. Lo más evidente es que  va más perdido que un pulpo en un garaje y no encuentra mejor argumento para enfrentarse a sus traumas, ninguno diferente a los que todo humano se enfrenta alguna vez en su vida,  que una actitud cobarde y anodina,  abusando de una moral acomodada para minimizar cuando no evitar un sufrimiento personal que es propio, intransferible e insalvable.
A ratos se desliza con parsimonia por el tobogán de la dejadez pero pronto se enroca con esos puntos de vista tan característicos que lo resitúan en unos objetivos personales que no acaban de estar nada claros.
A sus treinta y ocho años, Frank Bascome vive en un barrio residencial de Nueva Jersey; se supone que enfrascado en busca de una felicidad que se le niega  y cuya actitud personal, donde prima la apatía y la  dejadez, sigue  la consigna: “En la vida no hay temas trascendentales. Las cosas suceden y luego se acaban, y eso es todo”. A pesar de haber  disfrutado de un éxito inicial como escritor pronto se sintió sin fuerzas para seguir esa ruta y la cambió por un el fácil confort que le aporta el trabajo de periodista deportivo a pesar de su escasa implicación en el deporte. Ha padecido la muerte de un hijo de nueve años aunque no da la impresión de haber sufrido un dolor especial porque, de nuevo, el escudo de aislamiento que se ha preparado actúa con eficacia. Se ha divorciado y no se le ve muy involucrado en relacionarse con sus otros dos hijos. Se limita o quizá propugna el vivir la vida en el momento utilizando como analgésico para los momentos cruciales la banalidad, indolencia y el conformismo con lo que llega.
La obra no deja de ser la presentación de un hombre corriente que sin penalidades económicas se mantiene levitando en el atolladero de la cotidianidad sorteando con elegancia todos los compromisos que se le acercan gracias a una innata habilidad para la reflexión y la autojustificación.
Richard Ford que escribe con su acostumbrada  soltura y elegancia, sabe dotar a Frank, un hombre común y corriente, de un lenguaje y de un estilo en consonancia a una personalidad entregada sin sufrimiento al vaivén de los días y adaptado al entorno en el que está asentado de forma que la narración trascurre con agrado. Así mismo no necesita nada más que tres o cuatro días para revelar la personalidad de un hombre que en su madurez (38años) ha creído encontrar la fórmula mágica que le evitará todos los problemas habituales sin necesidad de hacer esfuerzo alguno. Pero también acierta en los momentos que elige para abrir la ventana orientada al pasado por la que desmenuzar todos esos asuntos que han hecho de él un hombre escéptico y abúlico, un hombre que ha decidido que “ es mejor no mirar tan profundamente, no intentar aclarar nada”. Pero a la vez dejando entrever que en el fondo hay algo que se remueve, que impide la aceptación plena de ese axioma y que pugna por salir a la superficie frente a la oposición inconsciente del propio Frank que  no está en disposición de aceptar líos.
El autor maneja perfectamente la alternancia pues aun manteniendo ese talante sosegado y remolón le cambiará su posición entre protagonista y observador, lo llevará sin tregua de lo profundo a lo simple, del pasado al presente, de lo insensible a lo emocional, de lo profesional a salir del paso y así poner de manifiesto sus contradicciones y subyugar al lector con unas reflexiones sutiles e inteligentes a la vez que salpica toda la narración del humor ácido e inteligente propio de una mente irónica.
Me ha parecido prometedor por lo que, a pesar del recelo que genera el tener que conocer  la vida y milagros del variado personal que habita este mundo, máxime si se tiene que hacer por por partes en función del capricho del autor cuando no por aspectos comerciales, trataré de acompañar la carrera de este americano capaz de hacer un máster en insensibilidad pero también de obligar a una sana reflexión. Ya veremos en que queda esto.

Richard Ford. Nacido en Jackson Mississippi el 16 de febrero de 1944. Licenciado en Literatura Inglesa por la Universidad de Michigan. Estudió escritura creativa en la Universidad de California. Premio Pulitzer. 1996.

Otras Obras :

Flores en las grietas
Mi madreford 3
Pecados sin cuento
De mujeres con hombres
Incendios
Rock springs
La última oportunidad
Un trozo de mi corazón
Canadá
El periodista deportivo
El día de la independencia
Acción de gracias
Francamente, Frank

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